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Sábado, 27 de enero de 2007

La cocina de Mane y el utilitarianismo

En un grupo familiar con dos hermanos, gran parte de la propia identidad se forma por el contraste con el otro. Las oposiciones se potencian por la repetición de las instancias que las traen a colación, mostrando todos sus lados y obligándonos a continuar el costado argumentativo que nos hubiera tocado.

Según vengo a leer directamente del mayor exponente del utilitarianismo, John Stuart Mill, la felicidad tiene muchos ingredientes pero es deseable en cada una de sus partes. Y eso inmediatamente me recordó la cocina (al menos la primera cocina) de mi hermana Magdalena.

La razón prefiere las cosas ordenadas y aprecia las combinaciones significativas por encima de los elementos individuales. Así, para mi apreciación, los buenos resultados al cocinar requieren recorrer un arduo camino de ensayos, obtener competencias en actividades tales como pelar, desgranar, rehogar, freír, calentar, y aprender las mejores combinaciones de ingredientes junto a las técnicas que más les convienen.

Un plato bien preparado se asemeja a una coreografía donde el autor está en todos los detalles.

Como en el Gazpacho de melón del restaurant Tomo I, que comienza con una nítida separación entre sus ingredientes y por obra de la temperatura, mientras se va tomando, se produce la mezcla de tonalidades. O un bife de chorizo donde el exterior presenta los condimentos y la sofisticación, y en el interior encontramos la verdad de la vaca, pero todo en una misma temperatura.

Para mi hermana Mane, al menos en sus primeras incursiones en la cocina, la combinación aportaba mucho menos valor que las componentes. De ingredientes apetitosos no podrá salir una comida que no regocije.

Si los palmitos son tan ricos, los ananás resultan tan apetitosos y las naranjas las conseguimos en su punto, entonces una ensalada con ellos no podrá fallar (ni resultar menos rica que el mejor de esos ingredientes).

En aquél momento estaba yo completamente convencido de la equivocación de Mane, constantemente dispuesto a refutar sus preparaciones.

Seguramente Mill lo habría considerado distinto y se habría dedicado a disfrutar de los platos que, por supuesto, eran riquísimos.

Por: Ignacio Nicolás Rodríguez | Filo | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Es bueno reconocer las dos caras de la moneda, y su metal único...

mora | 04-02-2007 22:38:41

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