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Jueves, 11 de enero de 2007

¡Se acabaron las fiestas! ¡Urra!

Se acabaron las fiestas, dijo Umberto Galimberti que es otro de los escritores cuyas intervenciones en "Radio Feltrinelli" sigo con entusiasmo.


Todos conocemos de primera o segunda mano tristes historias de cómo las fiestas de fin de año que, según uno piensa al derecho, deberían ser todo regocijo, se convierten en un tedio cuando no una pesada carga. En algunos casos el obligado balance anual hace pedazos el ánimo de quien lo ejercita y en otros las ausencias hablan más fuerte que la compañía.

Nuestro Umberto dio con dos costados que tocan a todos y hacen de las fiestas un gran tedio, aún cuando el balance del año haya sido positivo. Las dos me parecen líneas de reflexión dignas de repetir y continuar.

La primera es la recitación de sentimientos. No la expresión de la humanidad del sujeto en su "ser-ahí," en los objetos y las formas de su querer, sino las fórmulas canónicas de lo que se dice en fin de año. Podríamos buscar en el correo electrónico cuántas veces aparecen las formas de la palabra "prosperidad" fuera del mes de diciembre y principio de enero. ¿Ninguna?

La segunda es todavía más fuerte y es el intercambio de deudas. Dice Umberto "dones" (regalos) pero subraya la zona "querellante" de lo que significa regalar. Podríamos dar vuelta la frase del tango y decir "Yo doy y obligo." Los que nos hacen regalos inclinan la balanza y nos dejan en la necesidad de retribuir, cuando menos con un gesto o un buen pensamiento que probablemente no estaría ahí si no hubieras plantado delante de mí ese paquetito con moño.

Por suerte terminaron las fiestas y a pesar de ellas, quedan los amigos: esa gente con quienes uno se permite no mantener el equilibrio.

Por: Ignacio Nicolás Rodríguez | Filo | Comentarios (0) | Referencias (0)

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